Músicos, egos, deseos.

Hay propósitos que sólo se plantean en el fino tramo del paso de año. Un momento casi mágico donde todo cabe. Quizás sea uno de los pocos instantes donde no cabe el pensamiento trágico ni el cancelador. Como si de un espacio sin tiempo se tratase, los deseos tanto propios como los que albergamos para los demás -excepciones habrá- están dentro de la órbita de las buenas intenciones.

Seguramente no todos los anhelos van a trasladarse a la dimensión de la realdiad pero, al menos, estaremos más cerca en tanto que su evocación nos hará construir un camino y transitarlo para, acaso, llegar a tocarlos con la yema de los dedos. Y esto, ya será un logro.

No la toques más, Sam

La importancia del futuro no pasa por legislar la cultura. Los planes para la educación, antesala de los procesos culturales que alienen a la ciudadanía hacia un tejido social sin criterio pero preñado de opinión, no devienen en mejoras si atendemos a la historia reciente.

El calado en el grueso de la sociedad es nulo y la visión esquiva y totalitaria ante la amenaza de aprender y adquirir un pensamiento libre, sencillamente aterradora.

Premio o multa

Los premios en música recogen los honores de quienes han tomado ventaja antes que los demás, como reza su significado etimológico. No obstante, coger antes no determina ser el mejor más allá de serlo entre las opciones presentes.

De lo falaz en el arte

Las noticias sobre los colectivos como Letze Generation, Just Stop Oil, Extinction Rebellion o, más proximo, Futuro Vegetal no cesan alumbrados por su campaña +1,5º que están llevando a cabo en diferentes museos. La performance consiste en pintar de negro gruesos trazos sobre las principales sobras de arte.

La cena de los idiotas

Como cada navidad el grupo de ex alumnos se preparan para un nuevo encuentro. Varias hornadas de licenciados veneran a su maestro reuniéndose alrededor de la mesa.

El viejo catedrático recuerda anécdotas de las clases que otrora lideraba ante la mirada emocionada de sus antiguos alumnos. Estos no escatiman ni esfuerzo ni disimulo para rendirle reverencias y pleitesía.

Hacerse cenizas

Una de las funciones básicas del cerebro es la protección sobre todas las cosas. No necesita certeza, ante cualquier amenaza contempla la huida, la congelación o el ataque. Igual que hace diez millones de años. Nuestras amenazas han cambiado, nuestras reacciones no.

Los músicos somos especialmente sensibles a los obstinados impulsos de nuestro cerebro toda vez que todo lo ajeno representa una amenaza para aquellos profesionales que abanderan la inseguridad, el celo -en definitiva-, el miedo. Como gremio, somos muy poco corporativos y esta oposición, muchas veces intestina, hace que no crezcamos como colectivo al ignorar que uno solo va más rápido pero en unión, se llega más lejos.