¿Cómo se elige un director?

El título es inexacto. Responde a una tradición lamentablemente no superada. Enuncio así con toda la intención para poder matizar su inexactitud. Faltaría añadir “o directora”, ya que su acceso a la élite de la dirección es todavía demasiado tangencial.

Desde que Karajan acudiese a los ensayos la Berliner Philharmoniker con tejanos, camisa sin corbata, jersey de cachemir enrollado al cuello y melena libre de químicos allá en la no tan lejana mitad del siglo XX.

Dirección Musical. Formar o adiestrar.

El caso más paradigmático siempre ha sido el de la dirección musical. Ese arte que todavía no tiene unos contornos claros a la hora de valorar la excelencia si no prescindimos de la hipérbole y el exhibicionismo.

Dirección musical: enseñar y aprender

Muchas veces he escrito sobre el hábito, maneras y motivaciones de los directores y directoras de orquesta, banda o coro. Del porqué dirigimos. De cuál es nuestra aportación. Y, sobre todo, de la enseñanza (o el aprendizaje, que no es lo mismo) de este cada vez menos valorado arte.

El mito de las escuelas históricas de dirección

La enseñanza de dirección musical está afectada por una concepción de la estructura curricular basada en una quiebra identitaria. Partiendo del hecho de que dirigir corresponde a la misma mecánica sea cual fuere el foco sonoro (banda, orquesta o coro) siendo la única diferencia el conocimiento de cada instrumento y de su optimización, la secuenciación que históricamente se ha venido realizando a la hora de impartir la asignatura de dirección, está fuera de toda razón habida cuenta de la realidad profesional que los grandes maestros han desarrollado.

Memorización de la partitura

Afrontar la lectura de una partitura de Banda para una eventual memorización (la mejor opción para una óptima interpretación) deviene en un proceso de tensión para los estudiantes de dirección (y a no pocos profesionales) al abordar una aproximación textual a ese mapa del tesoro que es la partitura.