Pedagogía o el nuevo arte de no enseñar

¿Se puede enseñar dirigir un coro sin haber transitado los contornos profesionales del instrumento? ¿Se puede enseñar desde la teorización del hecho quironímico? ¿Se puede hacer un aporte transaccional del conocimiento de la dirección sin haber tenido una práctica avanzada instrumental?

El mamut llamado envidia

El músico que se entrega al mamut de la envidia, no solo no evita el éxito sino que socava más sus posibilidades, puesto que nadie puede triunfar realmente si no domina lo intestinal. Su cerebro, actuando según su naturaleza, desplegará todo su repertorio: gestos de desprecio, comentarios hirientes, desprecio en forma de indiferencia, reforzamiento de sus acciones para que sean más visibles, pasar por encima del envidiado para demostrarle (demostrarse, en realidad) que puede medrar.

Enseñar o engañar

Estos directores y directoras labran su presente mediante el veto, la cancelación y  negación, dado que no tienen otro argumentario que les abra las puertas a la reflexión de sus carencias y, para ser honrados, abandonar todo conato de seguir limitando las aspiraciones de los demás.

Dinosaurios, delfines y otros músicos

Los dinosaurios murieron pero no se extinguieron en nuestro hábitat musical. Están los descendentes de aquellos que bien han podido trazar nuevas rutas de comportamiento. Pero el poder es muy tentador y la falta de ética es fácil de argumentar para auto-convencerse que el mal menor acontece en beneficio para todos. Sabemos que no es cierto.

Dirigir o exhibir

Mientras el instrumentista o el cantor están interpretando esforzadamente su partitura, concentrados en la sucesión de notas, haciendo cálculos enigmáticos y cognitivamente complejos para ajustar la afinación con el conjunto, gestionando las respiraciones tanto naturales como expresivas y, en fin, dominando una situación en principio de tensión para ofrecer el mejor resultante sonoro, observamos con frecuencia al director o directora mostrando piruetas e hiperbólicas descargas gestuales ajenas a la esencia del sonido.

El arte de dirigir: sentido o sensibilidad

La traducción sonora corresponde al intérprete y en el caso que nos ocupa al director o directora. Para ello el conocimiento de la partitura es esencial tanto en sus contornos codificados como en lo que entre líneas puede leerse (contexto psico-socio-económico del autor y su tiempo, tradición, motivación compositiva, alusiones programáticas, etc.) No obstante, conviene identificar y delimitar la responsabilidad de quien dirige y, sobre todo, de la autogestión de las emociones.