No estamos locos, pero ¿sabemos lo que queremos?

– Buenos días, ¿en qué puedo ayudarle?
– Buenos días. No me van bien las cosas.
– ¿Qué cosas?
– Las que quiero. ¡Quiero tener éxito como músico!
– ¿Qué clase de éxito?
– Pues éxito.
– ¿Dinero?
– Bueno, va unido, ¿no?
– ¿Notoriedad?
– ¡Claro!
– ¿Por qué considera que no tiene éxito?
– No me valoran.
– ¿Quiénes?
– Pues, los demás.
– ¿Todos los demás?
– Bueno, sí…Nadie me ayuda.
– ¿Ni siquiera usted mismo? ¿Tampoco la gente que le quiere?
– Yo sí. Y los míos… pero ¿qué pueden hacer?
– ¿Usted tampoco?
– Yo ya he estudiado. He hecho mi parte.
– ¿Cuál es su rutina diaria?
– Por las mañanas estudio y por las tardes trabajo.
– ¿Dónde trabaja?
– Enseño música.
– ¡Enhorabuena! Entonces sí que tiene éxito.
– Ya. Pero yo quiero triunfar como intérprete.
– ¿Cuál es su horario laboral?
– De lunes a viernes de cuatro a diez. Algunas mañanas y sábados imparto clases particulares.
 – Así que, parece que le gusta lo que hace ya que incrementa su horario con extras.
– No. Preferiría no dar clases y dedicarme a la interpretación.
– Ya veo.
– Es que para mí es vital, es mi pasión.
– ¿Ha pensado en renunciar a su trabajo para entregarse a su pasión?
– ¿Cómo dice? ¿Está usted loco?
– Lo digo en serio.
– ¿Tendré que vivir de algo?
– Podría hacerlo de su pasión, ¿no?
– No lo entiende.
– Entiendo que quiere triunfar como intérprete pero no pagar el precio que le llevaría a ese triunfo.
– Bueno, yo… soy bueno como intérprete, no debería esforzarme para ello. Yo ya…
– Sí. Usted ya ha hecho su parte.
– Sí.
– Usted quiere jugar en la liga de los concertistas.
– Exacto.
– Pero entrena en la liga de los profesores.
– De momento.
– ¿Cuántos conciertos quiere hacer al año?
– Quiero hacer cada semana pero por el momento hago los que me permiten las clases.
– Y usted, ¿cuánto se permite?
– No entiendo.
– Entiendo que usted quiere hacer más conciertos pero que deposita su disponibilidad en sus clases.
–  Sí, imagino…
– Le suena la frase “no se puede servir a Dios y al dinero”.
– No soy creyente.
– No importa, es una metáfora.
– ¿Qué quiere decir?
– No hay un sentido literal en esta frase. Significa que el foco se debe poner en un sentido para desarrollar aquello que se quiere conseguir. No tiene nada que ver con elegir entre lo espiritual o lo material. Se trata, simplemente de elegir lo que se quiere y dejar al margen todo lo demás. Como en el amor…
– Eso es muy bonito pero yo no me lo puedo permitir.
– Muy bien, es la hora. Buenos días.

Juan F. Ballesteros
músico y escritor
Extracto de «¿Qué vende un músico?

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