La música y el capital

La Música es una industria que trafica con sueños cuya mercancía responde a ciertas necesidades sociales y, por supuesto, económicas. En este marco y utilizando sin miedo el verbo traficar que en su primera acepción significa „realizar operaciones comerciales», sería de necios negar o, aún peor, ocultar la potencia del arte sonoro en el desarrollo económico en las sociedades modernas.

El capitalismo, por su parte y más allá de otras oscuras connotaciones tangenciales, se define como „la acción de mover el capital para generar riqueza dentro de un mercado dado».

Cualquier músico que con el beneficio de un concierto, venta de disco o formación invierte en, pongamos por caso, comprar accesorios para su instrumento, producir un video promocional o mejorar si sitio web, está realizando una acción capitalista. 

Cualquier estamento (en cualquier sistema socio-político) que con los impuestos facturados revierte el beneficio en, digamos, peatonalizar una calle, mejorar la iluminación de un barrio o contratar a un músico para que haga un concierto, está realizando también una acción capitalista.

Los conceptos de capitalistmo, tráfico comercial o músico han de dejar de tener una resonancia peyorativa si se unen dentro del mismo argumento. El orden imaginado por una parte parte del sector musical (el más desfavorecido, por cierto) desoye la necesidad de generar resortes en el mercado que tengan un devenir socio-económico del cual nos beneficiemos todos.

En momentos de zozobra social como el que estamos viviendo, más que nunca se hace necesaria una reflexión sobre el equilibrio entre salario emocional y salario económico. Los que han criticado toda acción mercantil con la música son los que ahora hacen fila para solicitar ayudas mientras que otros fueron los que agitaron la economía del gremio.

Cotizar al alza un producto musical de calidad (la frase deviene en redundante) no empobrece el espíritu, el objetivo social ni la capacidad de remover las conciencias colectivas en pos de un mundo mejor. Por el contrario, merodear alrededor de la música a la baja con la irresistible fuerza centrífuga que empuja hacia contenidos de baja emoción y calidad, no convierte a nadie en digno defensor de la esencia humana.  

La música no es menos digna por encajar en un mercado, es -por el contrario- el camino más loable para alimentar a la sociedad no solo con riqueza emocional sino para dotarla de contenido económico.

En momentos de zozobra social como el que estamos viviendo, más que nunca se hace necesaria una reflexión sobre el equilibrio entre salario emocional y salario económico.

Se da falsamente por hecho que el músico verdaderamente comprometido ha de loar al dios del altruismo o a las bondades del arte gratis. El músico de éxito (léase, aquel que realiza su actividad profesional sin disculparse por los ingresos que genera) comprende que la verdadera generosidad consiste en propiciar una alta y poderosa emoción, que el verdadero altruismo depende de las implicaciones económicas que devienen de su actividad, que si hay un mercado es que hay posibilidades de crecimiento artístico y económico, que aplaude el éxito de su competencia porque solo así se asegurará que siguiente en triunfar será él y que ese éxito solo puede considerarse como tal si es global.

Los que han criticado toda acción mercantil con la música son los que ahora hacen fila para solicitar ayudas mientras que otros fueron los que agitaron la economía del gremio.

Mover el capital es la verdadera generosidad en tanto que beneficia a la sociedad en su conjunto. Transaccionar con valor escaso roza con el egoísmo con la excusa de oponer el arte con el mercado. El mercado, no obstante, no obliga y cada cual ostenta la capacidad de elegir el uso que del beneficio hace, si lo usa o no en pos de una sociedad mejorada o si , por el contrario, lo dedica a empobrecer su hábitat musical.

La cooperación será la única acción que acaso nos salve en esta terrible crisis si se supera el tabú que para muchos músicos supone hablar de mercado, capital o beneficio. La cooperación y la superación de las supersticiones nos llevará al grado máximo de progreso en el sector musical.

Juan F. Ballesteros
músico y escritor

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