Ibiza, música y nostalgia

Dejó dicho Victor Hugo que la melancolía no es otra cosa que el placer de estar triste. Aceptando de buen grado la poética del argumento, no deja de reflejar cierta quiebra en nuestra apreciación quimérica de la realidad. En cualquier momento de la historia cabe la declaración de tiempo convulso, pero el presente se erige de una manera más prosaica para referirnos a la verdad.

Ibiza, como paradigma de lo insólito, representa un buen ejemplo de la necesidad de la cultura para emanciparnos de vacuidad derivada del abandono de todo conato reflexivo sobre lo que en realidad somos. La cultura es la seña de identidad de una sociedad libre, entendiendo la libertad como conocimiento y acceso al espectro de las infinitas posibilidades alejadas del pensamiento escaso cuando no único.

Teniendo en cuenta el declive de las sociedades occidentales pos industriales al abandonar la educación y la cultura como columna vertebral de su economía, no parece ejemplarizante abrazar formas inocuas en la educación musical en la isla. Algo debemos estar haciendo mal para que nos haya adelantado por la derecha (noticia del Diario de Ibiza del 1 de julio de 2021) la oferta educativa reglada un grado medio de formación profesional en Técnico dj y Audiovisuales en un centro público de educación secundaria de Ibiza que, aunque a veces lo olvidamos, se sustenta con nuestros impuestos. Mientras, la educación en escuelas de música y conservatorio ostenta una cada vez menor calidad de sus formaciones ante la flagrante pasividad y desinterés del gremio.

La cultura es la seña de identidad de una sociedad libre, entendiendo la libertad como conocimiento y acceso al espectro de las infinitas posibilidades

La propuesta no puede más que aplaudirse en términos de excelencia ejecutiva. Un modelo de negocio bien armado y solidificado ante el que quitarse el sombrero. Una fortaleza envidiable en la gestión y en el desarrollo en la propuesta que la música de evolución clásica históricamente en Ibiza no ha sabido o -lo que es peor- no ha querido desarrollar huérfana de proactividad y más cargada de ínfulas que de ideas.

Como consecuencia de lo sembrado en el sector público que gestiona la música en la isla, ahora se recolecta el sonrojante mundo coral, la escasa viabilidad en términos de calidad de las bandas y un sinfonismo simplón que no han sido obstáculo para que los sonidos de impacto mediático lleguen a las aulas de un instituto público antes que una formación sólida en el lenguaje musical y su poética.

Es triste y profundamente preocupante que la educación sentimental de quienes liderarán el futuro en Ibiza se esté cimentando en una formación tan alejada de las humanidades, confundiendo una vez más dos espacios que si bien son absolutamente compatibles y necesarios no son lo mismo: el ocio y la cultura. 

Cabría repensar si la necesidad que tiene Ibiza es la de sumar dj’s o la de optar por un modelo donde la cultura tenga un papel primordial sin renunciar, insisto, a la feliz convivencia con el ocio. Pero es difícil defender aquello que otros no aman debido a la ignorancia.

Es triste y profundamente preocupante que la educación sentimental de quienes liderarán el futuro en Ibiza se esté cimentando en una formación tan alejada de las humanidades

De ahí se desprende la realidad que siempre es concluyente y arroja como verdad el fracaso que en Ibiza se lleva fraguando desde hace varias décadas en la educación musical. La sociedad que nos espera, por tanto, no será mejor, cosa que -mientras lleguen turistas- no parece preocupar. Pero nos queda la melancolía de aquello que algunos hemos intentado con ahínco y que nunca será.

Juan F. Ballesteros
músico y escritor

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