El iceberg que no vimos

Los que vieron el agujero en el casco del barco callaron y cuando el barco se hundió señalaron al capitán como único responsable.

El mundo de la cultura está muy pro activo ante la dramática, descorazonadora y agorera situación que se nos avecina. Vaya por delante el agradecimiento ante cualquier acción que sitúe a nuestro gremio en el lugar que le corresponde socialmente. No obstante, sostengo que la crítica ha de comenzar siempre por uno mismo, en lo personal y en el colectivo gremial.

El mundo de la cultura, muy especialmente el de la música, se ha apoyado en un estado de crisis continua que, quizá, le ha validado su queja. La crisis, desafortunadamente, es transversal y global pero no especialmente virulenta en el mundo de la cultura.

Teniendo en cuenta el declive económico que arrastramos desde hace ya demasiados años, resulta gratificante comprobar empíricamente la realidad: se han estrenado más películas de producción nacional, se han creado más orquestas y coros, el número de conciertos, festivales de música y danza es creciente, la publicación de libros es mayor y el número de empresas dedicadas a la producción artística crece cada día.

Siendo así, ¿sobre qué realidad elevamos la queja? ¿hemos sido cada uno de los actores culturales diligentes en nuestra actividad profesional? ¿hemos sido jueces imparciales ante el atropello que nuestro propio sector arrastra de forma endogámica? ¿tenemos autoridad moral para culpar solamente a terceros? 

Dicho lo cual, no eximo de responsabilidad a quienes tienen el mandato de gestionar nuestro sector pero de ninguna manera admito que sean los únicos culpables de aquello que sea que no va bien. Y no porque los defienda, quede claramente subrayado, sino porque me parecería siniestramente preocupante que la industria cultural dependiese solamente de ellos.

“La culpa, no está en nuestras estrellas,
sino en nosotros mismos, que consentimos en ser inferiores.”

William Shakespeare

Ejemplos pasados hemos tenido y dudo que sean añorados por el conjunto de los artistas. A las instituciones públicas les exijo únicamente que reviertan los impuestos en propiciar cultura apoyando proyectos pero no la gestión integral de los mismos.

La realidad constatable es la precariedad de una parte del sector que ni siquiera es mayoritaria. Sueldos por debajo del SMI, contrataciones jurídicamente sospechosas, competencia desleal, dumping, … son alguna de las acciones que, si bien las ejerce un sector marginal, sigue teniendo una presencia y una influencia en el orden imaginado de la sociedad.

La situación es muy grave. A todos nos han cancelado conciertos, rodajes, presentaciones de libros, entrevistas, conferencias, exposiciones… muchos no recuperarán su trabajo. Algunos lo venían perdiendo desde hace tiempo. Y todos nos tendremos que reinventar.

Nadie, en el peor de sus presagios, pudo imaginar una situación semejante pero de habernos fortalecido como gremio el impacto habría sido menor.

La reinvención solo será efectiva mediante la cooperación. La que en algunos sectores de la cultura ha sido poco menos que testimonial. Las soluciones no vendrán multiplicando el número de asociaciones de colectivos o sindicatos por géneros estilísticos, sino mediante una empatía, respeto y exigencia hacia nosotros mismos.

La especie humana pudo desarrollarse y evolucionar gracias a la cooperación y no, como estamos empeñándonos en demostrar, mediante la confrontación. Aplíquese a la Cultura.

Juan F. Ballesteros
músico y escritor (afectado)

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